Felipe Alonso muestra su pintura en el Palacio Los Serrano
10-07-2008
La Obra Social de Caja de Ávila organiza la exposición del 10 al 31 de julio y del 15 al 31 de agosto en este espacio cultural de la entidad abulense.
Las escenas en las que Felipe se basa son escenas comunes, naturales para todos nosotros, escenas en las que nada parece alterado y en las que con frecuencia nos fijamos con la mirada perdida mientras nuestra mente se debate con las más variopintas cuestiones.
El hecho de darle protagonismo a estas imágenes, estos objetos, a esta luz y estos colores, hace que realmente nuestra mente habituada a flotar ante lo normal de esas imágenes, se reconduzca y se centre en tales cuadros, haciendo que gracias a la maestría de Felipe, divague por los caminos que a él le interesa mostrarnos.
La senda de las sensaciones la dirige el empleo de la luz. La luz que en estos cuadros tiene un protagonismo fundamental, haciendo de los planos auténticas formas tridimensionales y en los momentos de calma en aquellas superficies, hacer que su propia textura salga a la luz, el brillo intenso de los azulejos, o el frío metal de sus cuchillos que cortan de un solo tajo, la diferencia entre lo plano y lo voluminoso gracias a la luz.
Sin esa luz suave del amanecer en la que Felipe se apoya para darle más intensidad a sus cuadros, nada sería posible. Pero menos aún sin el dominio de los colores que hace que las formas tomen una dimensión difícilmente distinguible de la realidad.
Sólo una mente observadora y una mano curtida por los años de pinceladas saben que el color en la pintura lo da todo. El color y el dibujo, un dibujo que es una estructura sólida y tenaz en la que como un armazón de finos trazos se sustenta el resto de su obra. Al mismo tiempo el color ocupa sinuosamente todas las formas efectuando todos los juegos cromáticos que la luz natural realiza en cualquier superficie en la que pueda incidir. Las figuras de sus cuadros no sólo nacen de esa organización natural de la realidad, si no que obedecen al autor en una realidad aparte como si el propio pintor conocedor de las particularidades de este mundo hubiese podido organizar el suyo y moverlo a tal antojo que nos pudiese hacer pensar que es el nuestro propio. Prueba de ello son sus retratos en los que sin ese conocimiento regido por una técnica precisa y directa no sucedería el cúmulo de sensación es que proyecta cada una de las miradas de los allí representados.
El matiz personal de cada uno de los retratados hace sentir al propio espectador el respeto, o la complicidad que sentiría con cada uno de esos hombres y mujeres en la vida real. Tanto es así que Felipe se permite la licencia de colocar a los retratados en posiciones opuestas al espectador, negándole ese acercamiento natural que proporciona una mirada, un gesto o una expresión. Estos otros le dan la espalda, olvidan al público porque realmente no nos necesitan para demostrarnos que están ahí y son tan reales como nosotros.*
* Texto escrito por Miguel Zorita Bayón para el catálogo de la exposición.
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